UN ANGEL SIN ALAS
El angelito despertó de su
primer sueño sintiéndose muy liviano, tal vez demasiado. Miró hacia abajo y vio
sus lindos piecitos, miró hacia arriba y vio varios rulitos amarillos que caían
sobre su frente.
Se fijó en sus manos,
pequeñas por cierto, en sus bracitos, también pequeños, pero al mirar hacia los
costados se dio cuenta de algo: no tenía alas. Desconcertado giró su cabeza
hacia un lado, hacia el otro, volvió a mirar hacia arriba, hacia abajo, se tocó
la espalda y nada.
– ¡Que extraño! -dijo – No
tengo alas. Soy un ángel, se supone que debería tener un hermoso par.
Se dio cuenta también que
no estaba sobre una nube, donde supuestamente duermen los angelitos, sino sobre
un césped suave y muy verde. Si bien era un ángel recién nacido, sabía
perfectamente quién era y que su propósito en la vida era proteger.
Un ángel siempre tiene
clara su misión, por más pequeño que sea.
– Algo extraño pasa conmigo
– se dijo – debería ser como todos los demás angelitos, visto mi túnica, se en
mi corazón qué es lo que tengo que hacer. Estoy dispuesto a cuidar de la gente
y protegerla, pero no tengo alitas ¿será que se olvidaron de ponerme un par?
Comenzó a pensar por qué él
no había nacido como todos los demás Ángeles. Por qué a él, justo a él, le
faltaban las alitas ¿Y si por no tenerlas no podía cumplir con su misión en la
vida? ¿Y si por su ausencia le era imposible custodiar a las personas? ¿Y si la
magia de un ángel estaba justo en las alas?
Entonces, no podría ser
como todos los demás y hacer lo que todos hacían. Esperó un tiempito para ver
si le crecían. Un día y nada. Dos días y nada. Tres días y…. nada, ni una
plumita por pequeña que fuese.
Dispuesto a saber dónde
estaba su par de alitas, el ángel comenzó una larga caminata.
– Tal vez se me cayeron
mientras dormía – pensó.
No sabía hacia dónde ir,
pero estaba dispuesto a llegar a dónde fuera que estuviesen sus alas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario