UN ANGEL SIN ALAS
El angelito despertó de su
primer sueño sintiéndose muy liviano, tal vez demasiado. Miró hacia abajo y vio
sus lindos piecitos, miró hacia arriba y vio varios rulitos amarillos que caían
sobre su frente.
Se fijó en sus manos,
pequeñas por cierto, en sus bracitos, también pequeños, pero al mirar hacia los
costados se dio cuenta de algo: no tenía alas. Desconcertado giró su cabeza
hacia un lado, hacia el otro, volvió a mirar hacia arriba, hacia abajo, se tocó
la espalda y nada.
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